Decíamos en un post anterior que actualmente vivimos en una era que se caracteriza por la existencia, a nuestro alrededor, de múltiples canales y fuentes de información. La definíamos como la “era de la suprainformación” la cual pintaba un panorama en el que, lejos de situaciones ya pretéritas en las primaba la búsqueda de la información o la noticia hasta llegar a su persecución, actualmente estar desinformado, lograr pasar 24 horas ajenos a ser informados de los que sucede a nuestro alrededor, es complicadísimo y causa sorpresa escucharlo de alguien.

Causa asombro, sobre todo en las primeras ocasiones, la actual facilidad para aprovisionarnos de estudios comparados, cifras que podemos cotejar, análisis de parte… y ello podría hacernos pensar que es la panacea que lo resuelve todo: ¡ya podemos comunicar con conocimiento, con base y con resultados!

¿Resultados? ¿Qué tipo de comunicación nos reporta beneficios verdaderos? Y hablamos de “beneficios verdaderos” o reales frente a un simple acto de repetir esquemas: me relaciono con mis semejantes en diferentes circunstancias. Punto. ¿Es esa la auténtica y genuina comunicación o hay algo más?

En HyH pensamos que comunicar es vivir, que comunicar forma parte y no es un ingrediente más de la vida, sino que la vida se mueve y, casi casi, existe porque comunicamos. Hablando y sin hablar. ¿O no hablan los silencios, las ausencias? En ocasiones más incluso que la simple presencia.

En HyH estamos pensando en el proceso comunicativo como una parte consustancial al ser humano y que, como tal, forma parte de él y de su proceso evolutivo: no puede existir crecimiento interior adecuado sin un adecuado uso de nuestras facultades y ese uso, ese movimiento, se genera a través de procesos de intercambio en los que, siempre, existe comunicación. Ergo, a mejor comunicación, mejor y mayor crecimiento (o evolución) interior.