Peculiaridades culturales aparte es un hecho que “nuestro cuerpo habla”. Y mucho. Más allá de la expresividad gestual de los países latinos frente a la parquedad de movimientos físicos que utilizan los pueblos orientales, concluimos que la comunicación no verbal en general y el lenguaje corporal en particular, constituyen una importantísima fuente de elementos comunicativos que no sólo enriquecen la comunicación sino que resultan decisivos por su mayor peso específico frente a las palabras en caso de conflicto entre ambos.

Una vez dejado claro esta importancia, la siguiente cuestión (muy propia del pensamiento occidental siempre orientado a conseguir una consecuencia o utilidad a los recursos) sería “y si realmente es tan importante esta faceta de la comunicación, ¿cómo puedo yo conseguir dominarla y aprovechar sus beneficios? ¿Es eso posible?” Y la respuesta no es sencilla pues consta de un SÍ y un NO. O mejor de un NO y un SÍ puesto que realmente es complejo.

Partiendo de la base de que el lenguaje corporal surge de las emociones y que de éstas apenas tenemos estudios reactivos (y ciertamente pobres aunque los vistamos de gala para las presentaciones, eventos y publicaciones) y que muchas de ellas hunden sus raíces en el cerebro primigenio cuyas reacciones son absolutamente automáticas y se reflejan sin posibilidad de camuflaje en nuestra anatomía…. partiendo de esa base, podremos entender la dificultad de su gestión. Sí es cierto que una persona que haya hecho cualquier ejercicio continuado de autoconocimiento está en disposición de conocer ciertos mecanismos y ese es el reto que desde HyH proponemos.

Entendemos que un ejercicio de autoestudio sobre bases de sinceridad y humildad bien dirigido e implementado conduce a una situación más propicia a la comunicación. La práctica conduce a la ejercitación y la repetición a la asimilación. ¿Quién dijo que era fácil? Pero los retos, cuando se alcanzan, producen una especialmente euforizante sensación de logro.